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jueves, 7 de febrero de 2013

Calles de Montevideo, Carnaval


Soy un extranjero en tiempos de Carnaval. Camino por las gradas, espero al próximo cuplé. Cuarenta pesos uruguayos vale una hamburguesa y veinte, la magia del disfraz. Marcos, niño, seis años, tres dientes por caer, favorito de su maestra, short de jean, remera a rayas azules y blancas, se anima a que le pinten la cara. Témpera blanca y polvo de fantasía. Marquitos, mirá pal’ techo, tá. Sus ojos remontan la noche estrellada y ventosa. Él no tiene mucho para ver. Nosotros sí, su transformación. Su cara trigueña se cubre de un redondel blanco. Sólo sus ojos y su boca sobresalen. Se dibujan soles colorados en sus mejillas y cejas grandes, grandes sobre su frente. Adelante, el animador hace preguntas a la tribuna por premios. Una señora se gana una matera; un chico, una camiseta de Antel. El espectáculo sigue, se presenta al siguiente grupo. Con ustedes, “La gran muñeca”, fuerte ese aplauso gente. Las luces se apagan, se enciende un micrófono. Los diecisiete artistas están sobre el tablado. La música comienza, platillo y tambor. Marcos está listo, es un murguista más. Él baila, yo le sigo el ritmo. Ambos y público nos movemos en presente continuo, porque los buenos recuerdos mueren eternos. Se van para volver, una y otra vez, buscando reaparecer. Uno piensa momentos que aparecen sin razón. Forman caminitos, dominó. Calles de Montevideo, Carnaval. Calles de Montevideo, Carnaval.

1 comentario:

nico dijo...

la vida es un carnaval y ahi que vivirla al ritmo ciego de sus pasos.. y saber cuando va cambiando asi seguirla al maximo

el sonido del silencio