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viernes, 11 de marzo de 2011

Del Señor Clandestino a sus hijos

            Queridos chicos:
            No tengo otra forma de dirigirme a ustedes. Recurro a esta nota porque sé que su madre no sospechará de una carta ingenua. Las causas de mi partida son redundantes y las consecuencias de mis acciones son reprochables: esto es claro. Los otros medios de comunicación están intervenidos. Ella me ha impedido hablarles cara a cara pero mi fuerza de voluntad es mucho mayor que unos volados gritos. Digo ‘gritos’ como si los hubiera, permítanme esa ilusión. A veces creo que juego al ajedrez con ciegos o al chancho con mancos. No importa, mientras les lleguen mis palabras, yo estaré conforme.
            Preguntarán por qué ahora, y no tendrán respuestas. No soy sabio ni viejo como el diablo en su refrán, pero soy descarnado a corazón tendido y no puedo quedarme quieto en ‘la tierra de nadie’ esperando el primer balazo.
Hagan un bien a la Patria, maten sus silencios. No teman del cementerio que formarán bajo sus pies porque este camposanto se viene construyendo a través de la inacción y la indiferencia. Los buitres ya reservan turno y hay mucho ruido en el horizonte.
            Escucharán que el tiempo amerita la urgencia y también que el contexto no es favorable para ninguna locura. Es cierto, no lo niego. Pero comprendan que no son locuras las que provienen de la cualidad más hermosa de la persona humana: su imponente sinceridad. Búsquense en recuerdos pero no se aferren a ellos. Rompan enciclopedias pero guarden los índices. No hablen con nadie, no confíen en su sombra, piensen que cualquier ayuda es cuestionable. Todos tienen intereses, ustedes —aún— tienen ideales.
Yo, desde Panamá, desensillo hasta que aclare. Les escribo desde la clandestinidad: con el miedo de ser atacado, con la vergüenza de resultar pedante, con la pasión de nuestro vínculo y con el pleno conocimiento de haberme ubicado en un rol poco querido, necesario a la altura de los acontecimientos.
Quemen estas líneas después de leerlas, porque no han sido televisadas y por ende, no han existido jamás.
            Los ama mucho, Papá.

9 comentarios:

santi dijo...

En el verano leí un libro de Aira de un tipo que se llamaba Váramo y vivía en Panamá.
La hermana de mi novio se fue a vivir por un año y medio a Panamá.
Panamá tiene playas hermosas, pero el pasaje es demasiado caro.
Las señales que guían mi rumbo hacia ese destino son muy difusas. Las razones para no alcanzar esas metas demasiado concretas. Me parece que me quedo acá.

Un tal Patricio dijo...

Me encanta viajar pero en un nivel literario/fantástico me seducen: Panamá (por el exilio de Perón, sus fotos bizarras en ese hotel de medio pelo con las guayaberas y donde conoció a la cuadrada de Isabelita) y un volcán de Hawai llamado Mauna Kea por ser la mantaña más alta del mundo si se toma su base submarina.

Raro pero si tengo que poner lugares, mi mente vuela hacia allá.

Anónimo dijo...

Ay no! Yo cuando escapo literariamente y pienso en una ciudad, imagino una Buenos Aires sin subte y mucho más gris, con algo de Rosario, y la llamo Bahía Blanca. Bahía Blanca. Suena mistico. No la conozco y solo la imagino. Nada, me parece genial. Yo me escapo ahí. Uds, señores burgueses vayan a Panama y traigan fotos y granos de cafe para los vecinos pobres de al lado!
Interpretenlo como quieran pero la verificacion de palabra es palli, lo que podrían leer como p' alli = para alli.
Para alla, para Panama. Panam.

santi dijo...

Una vez fui a Bahía Blanca y pisé caca de perro.
Conste que había mucha..

Thiago dijo...

Me gusta más, como decían otros comentaristas tuyos imaginarme en ciudades grises, invernales, históricas dónde se hable otro idioma.

Mi piel excesivamente blanca y el sol no se han llevado nunca bien.

Anónimo dijo...

Thiaguito querido: A mi no me pones en el tag "otros comentaristas tuyos", porque voy a la esquina de tu casa y te pudro el rancho. Jajaja, es un chiste, no te quemaría el rancho porque estoy recuperandome de una piromania, no porque no se donde vivis. Mentira, no te quemaria porque todos somos paz y amor.
Aguanten las ciudades grises, gris ceniza, gris que soplas y te da alergia. Y que todos se quieran y todos son perfectos pero en realidad son robots. Y no puede haber robots en ciudades con mar porque como maquinas podrían arruinarse con el agua.

Un tal Patricio dijo...

La idea de ciudad alicaída y gris, cuyos habitantes son robots, es una idea trilladísima.

Además, no me gustan las cosas genéricas: históricas, invernales, son cualidades vagas. Miles de sitios son así y tienen otras miles de peculiaridades que los diferencian entre sí que sería bueno pensarlas para nombrar lugares concretos.

Por otra parte, lo de burgueses comprando café me pareció poco feliz y fuera de lugar. Sigo sin entenderlo porque Panamá es símbolo del imperialismo, su guerra separatista con Colombia, la Escuela de las Américas, Noriega y ni hablar de la invasión norteamericana hace casi veinte años.

PD: Anónimo andá pensando un nombre de usuario porque pronto no se van a aceptar firmas anónimas. Sería una lástima dejarte sin voz.

Un tal Patricio dijo...

Al margen de todo, me alegra el intercambio de ideas que se formó por este texto. Se los respeta y estima, muchachos.

Anónimo dijo...

Estimado patito (como los fósforos): quien te anduvo comentando que no tengo un usuario? Espero que mi pregunta no agilize los tramites para bloquear esta bolsa de papel sobre mi rostro.
Por otro lado, la ciudad gris es, para mi, un campo fértil de oportunidades. En la rutina está la propia fisura de lo rutinario: veredas rotas, parques olvidados por el frío, humo saliendo de la boca, sacos, gorritos y bufandas. No se cuanto Disney muestre de mi personalidad este comentario, pero lo gris, que podría ser blanco, no es mas que un cuadro esperando por la primer pincelada.
Firma: Kick-Out Anonimus :(