QUERIDO LECTOR, TODOS LOS PERSONAJES QUE AQUÍ APARECEN SON FICTICIOS; LÉASE SALIDOS DE LA MENTE. CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA

domingo, 20 de marzo de 2011

La Voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina 1969/1973 Tomo 2 - Eduardo Anguita y Martín Caparrós

viernes, 11 de marzo de 2011

Del Señor Clandestino a sus hijos

            Queridos chicos:
            No tengo otra forma de dirigirme a ustedes. Recurro a esta nota porque sé que su madre no sospechará de una carta ingenua. Las causas de mi partida son redundantes y las consecuencias de mis acciones son reprochables: esto es claro. Los otros medios de comunicación están intervenidos. Ella me ha impedido hablarles cara a cara pero mi fuerza de voluntad es mucho mayor que unos volados gritos. Digo ‘gritos’ como si los hubiera, permítanme esa ilusión. A veces creo que juego al ajedrez con ciegos o al chancho con mancos. No importa, mientras les lleguen mis palabras, yo estaré conforme.
            Preguntarán por qué ahora, y no tendrán respuestas. No soy sabio ni viejo como el diablo en su refrán, pero soy descarnado a corazón tendido y no puedo quedarme quieto en ‘la tierra de nadie’ esperando el primer balazo.
Hagan un bien a la Patria, maten sus silencios. No teman del cementerio que formarán bajo sus pies porque este camposanto se viene construyendo a través de la inacción y la indiferencia. Los buitres ya reservan turno y hay mucho ruido en el horizonte.
            Escucharán que el tiempo amerita la urgencia y también que el contexto no es favorable para ninguna locura. Es cierto, no lo niego. Pero comprendan que no son locuras las que provienen de la cualidad más hermosa de la persona humana: su imponente sinceridad. Búsquense en recuerdos pero no se aferren a ellos. Rompan enciclopedias pero guarden los índices. No hablen con nadie, no confíen en su sombra, piensen que cualquier ayuda es cuestionable. Todos tienen intereses, ustedes —aún— tienen ideales.
Yo, desde Panamá, desensillo hasta que aclare. Les escribo desde la clandestinidad: con el miedo de ser atacado, con la vergüenza de resultar pedante, con la pasión de nuestro vínculo y con el pleno conocimiento de haberme ubicado en un rol poco querido, necesario a la altura de los acontecimientos.
Quemen estas líneas después de leerlas, porque no han sido televisadas y por ende, no han existido jamás.
            Los ama mucho, Papá.

viernes, 4 de marzo de 2011

Disfraz, visiones de un futuro en el vacío

Hoy respiro un aire nuevo. En cada segundo de inhalación, me dejo llevar por unas páginas profundas. Comparto estas líneas —personales e intrascendentes— con un público anónimo. Los reconozco más anónimos: en este texto, lo narrado es personal, no ficcional. El por qué del momento no tiene compañera aún y el para qué vagabundea por mi mente en busca de monedas pa’ viajar.
Anónimos. Los cité, ahora aquí, y me alegra que hayan sido puntuales. Les quiero hablar —dirigido al grano— de mis libros. De su orden, si es que lo tiene. También de sus causas, si es que las encuentro.
La Literatura abrazó mi vida hace dos años, tal vez tres. Descubrí un mundo nuevo, oculto y sincero. Una entrevista conmigo en donde ejercitaba mi mente y canalizaba mi espíritu. Me planteó componer mundos, acercarlos a otras personas arrimándolos a la realidad. Creo que esos mundos creados no deben ser ingenuos porque las personas no lo son. La ingenuidad debe ser negada —y combatida— con las peculiaridades que distinguen a los libros grandes. Hago jugar en las historias, elementos que desenrollen la vida de quien escribe. Mi vida entendida como la suma de las pulsiones internas: el miedo, las dudas, la esperanza, los deseos, los símbolos y los ideales. Todo ello sin caer en lo anecdótico y en lo personal exclusivamente. No se puede dormir en anécdotas interesantes. Las dos cosas deben funcionar juntas: la anécdota y las particularidades de quien escribe. La ecuación es decisiva. Si lo logro —imagino que no, o a duras penas— no es el problema. No por ahora, sólo son mis cimientos. La casa aún se las debo y siento que la deberé toda la vida: no me privo de intentarlo.
La Filosofía y la Dramaturgia cortan transversalmente esa ecuación. La nutren y la elevan. Afianzan posturas literarias y profundizan mi estilo. Las particularidades deben tener fundamentos. Los encuentro en las dudas y reflexiones de las personas que pensaron el mundo (Filosofía) y en las palabras hechas actos, en las formas de atravesar situaciones, de representar escenas y de engañar al público (Dramaturgia). No son lo principal aunque reconozco que las considero indispensables y sumamente enriquecedoras. Siempre se retorna a la Literatura después de disfrutar haberla dejado. Siempre.
Por último, se encuentra un tercer grupo. Tanto la Sociología, la Política, la Historia y el Periodismo son herramientas para reflexionar esa ecuación. La ecuación de anécdotas y particularidades más o menos elaboradas, sagaces y genuinas está circunscripta en un marco “real”, en una trama social y en un pasado determinado. Cuestionan el rol naif del intelectual en su escritorio. Critican la mejor escritura porque siempre habrá insuficiencias, deudas y faltas para con el resto. No basta con la Filosofía y la Dramaturgia, son limitadas. Preciso opiniones, actores sociales, matices de mi propio contexto. Su relación con mi forma de concebir a la Literatura es indirecta. Obligatoria como persona, como sujeto, en tanto que, la Filosofia y la Dramaturgia son armas desde la perspectiva del escritor.
Sonrío confesando estos delirios porque, por un momento, me había atraído la fama y el éxito, las luces de las celebridades. Por suerte, ha quedado atrás: me llama la intelectualidad, el saber y el reflexionar aunque citar a los que saben me resulta más oportuno: “El intelectual que no comprende lo que pasa en su país y en su tiempo es una contradicción andante; y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto y no en la historia viva de su tierra.” Ojalá uno esté a la altura de esta frase.
Me temo que ni bien digo estas cosas, me alejo de ese rol intelectual que me apasiona hoy, convirtiendo todo en boberías. No importa, tengo tiempo para enmendarme y éste me exonerará. Será lo que será; o no será nada.
La Voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina 1966/1969 Tomo 1 - Eduardo Anguita y Martín Caparrós