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lunes, 3 de enero de 2011

La guayabera Absoluta

           Sinembargón fue un sabio afgano exiliado en Panamá que contacté durante el cuarto día en el séptimo continente. Yo tenía ciertas referencias de su ubicación pero hospedarme en su hotel fue pura suerte. Lo encontré en la pileta, bronceado y calzado en habanos, sobre una reposera.
            —Sabés, pibe, me pasé la vida analizando el Tiempo, la Historia, Dios y la Mar en Coche. Y me siento vencido…
            —No diga eso. Siempre se puede torcer la tuerca —retruqué poco convencido.
            —¡Carajo, tuteáme!
            —¡¿Pero cómo se le ocurre?! Yo no puedo tutear a Sinembargón. Nadie puede.
        Y era cierto. Nadie podía tutear a un genio como él. Menos yo, un incrédulo, un aficionado, un niño.
            —Jodido es. No importa. El asunto es que me vencieron. Eso no lo dudo.
          El teórico siempre fue pesimista pero no creí encontrármelo tan abatido. El exilio le pesaba en las bolsas de los ojos y su mirada perdida jugaba al solitario. Sus grandes y completos estudios se habían pulverizado. El enemigo de lo Relativo, de lo pequeño y de lo variable estaba en retirada. Combatió fiero a los tecnócratas pero comprendió, en su ocaso, que lo Absoluto se hundía irreversiblemente. Su Historia lineal (Titanic) chocó contra la realidad concreta (iceberg) y cayó a pique.
            —Hasta Dios, es Relativo. El dogma se destruye y se cuestiona. Mis teorías no pueden incluir todas las diversidades y todas las facetas humanas. E incluso me han corrido con eso de que lo Absoluto, por postular la supremacía de lo Único, es totalitario, autoritario. Acalla a los demás y busca neutrlizarlos.   
            Continuó, en monólogo, entre pitada y pitada.
        —Estoy tan vencido que dudo del Tiempo. ¿Avanzan los años en esta película o se rebobina constantemente? No sé, abandonemos todo. Dejemos lo Absoluto tirado y aceptemos que nadie tiene la Verdad porque el Poder está en muchos lados. Y claro, siempre vuelve esa chicana, todo depende del modo que se vea. Porque todo es relativo. Las Guerras, el Éxito. Justificaremos todo. Porque todo es posible en el reino de lo Relativo. Justificar para luego condenar o perdonar. Empequeñecemos todo —ya que será relativo—  y viviremos de un Sujeto minúsculo incapaz de hacer nada por estar condicionado por sus circunstancias. Que zigzaguea por el Tiempo y se choca con la Historia como un atolondrado.
           —Todo será Relativo, sí. Y sin embargo, espere, el Hambre y la Desnutrición siguen siendo Absolutos, o no?
            Sinembargón resucitó de pronto. Canchero, desplegó una sonrisa cómplice y me palmó el hombro izquierdo.
            —Aprendés rápido pibe. Vas a volar muy alto. Hasta la vista.
            Después del apretón de manos, nunca lo volví a cruzar. 

2 comentarios:

arrate dijo...

Que pasada! Y yo tampoco veo porque no puedas publicar un libro o cinco; vales mucho!
Un beso :)

Un tal Patricio dijo...

Muchas gracias, Arrate! Me alegra lo que decís. Otro beso