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martes, 13 de julio de 2010

El nene de barro, la indiferencia y el ropero


Evité hablar el tema. No quería debatir por impulso o por un acto reflejo. No me interesaba saltar a la primera, preferí digerir y procesar. Leí a varios, con varias voces en varios lugares distintos. No consideré que tenía algo para agregar. Todo estaba sobre la mesa: los bandos, los intereses, las fuerzas, los argumentos, todo estaba. Hubo quienes escribieron párrafos que realmente no aportaban nada nuevo pero me abstengo de censurarlos porque me parece válido si su deseo era alzar su voz junto a las de los demás.
Admito que hoy un relámpago me sacudió la espalda. Un spot publicitario mostraba niños felices, ángeles rubios o castaños siendo abrazados y contenidos por una madre y un padre ejemplares: arquetipos perfectos de una imagen idílica, armoniosa y sin conflictos ni contradicciones. Estas familias felices juegan y se ríen, se abrazan, saltan.
Curioso es notar que no se hablen, no hay diálogos en estas pulcras imágenes de escasa realidad y fantasía desmedida. Las pocas palabras que los miembros de estas hermosas familias dicen, no se lo dicen entre ellos. Las lanzan a la cámara porque se sigue al pie de la letra lo que otros elaboraron. Buscan que nosotros, todos, los receptores de esa basura aggiornada, sonriésemos y nos ablandásemos.
Quien habla es la “gente común” que expresa por qué es necesario rechazar el matrimonio igualitario. Ahora el final es menos sutil, cierra otro nene. Otro estereotipo de nene: gordito, de tez oscura, ojos negros y pelo de paja. Ese nene que emula a los niños susceptibles a la adopción dice, convencido de su manipulación, “queremos mamá y papá”. Yo lo miré fijo, clavé mis ojos y toda mi historia sobre ese estereotipo. Me generó lástima por el abuso al que lo someten otros. Pero también enojo, me encolericé y reconozco que ni bien terminó de hablar apagué la televisión. No me controlé, sentía un insulto a mi inteligencia.
            Toda persona es sometida cuando es funcional a intereses ajenos que incorpora, por medio del engaño, como propios. Eso fue lo que pensé de aquel morocho, de belleza no convencional, de una hermosura que no puede competir en nuestros cánones vacios porque le faltaba todo: ojos claros, pelo claro, piel clara y hasta me animaría a decir alma clara. Las hordas que lo acusan de chorro, de ladrón, de asesino son las mismas que ahora lo elevan como un santo. Una deidad de barro miserable que apela a nuestra piedad y a nuestros sentimientos más blandos para defender sus líneas de pensamiento.
“Con los chicos, no.” reza una frase popular. Yo le agregaría chicos carenciados, olvidados, maltratados, pobres, no. Con ellos, no.
No sé cómo terminará esta epopeya; en las griegas les aseguro que siempre alguien muere. No obstante, el héroe logra su objetivo a pesar de que esa solución desencadenará en el futuro nuevas epopeyas. Desde un principio, creí que el matrimonio era soñar demasiado en un país como éste, avanzar cinco escalones de golpe mientras que por décadas ni nos animábamos a ver la escalera. Soy consciente que esta sociedad no está a la altura de las circunstancias. No compro las encuestas que afirman que el matrimonio igualitario tiene a la gran mayoría del país a favor. No lo sé, no lo creo pero tampoco me importan los números. Somos los suficientes, así sea uno solo. Además, no son fundamentales estas encuestas porque donde hay necesidades hay derechos que se deben pelear, reconocer y finalmente ejercer. Las cantidades de personas sólo sirven como recurso mediático para intimidar o para coaccionar a la realidad.
Podría criticar con ferocidad a los enemigos del matrimonio igualitario. No lo haré y explicaré el por qué. Quiero gastar mis palabras en criticar a nuestra comunidad y a todos los que estamos apoyando la ley. Los otros son impresentables, sus argumentos están cargados de odio y muchas personas que felicito han dejado al descubierto brillantemente en blogs, canales de noticias, diarios sus contradicciones y sus omisiones. Yo no podría explicarlo mejor.
Aunque sí quiero extender mis críticas para quienes apoyamos la ley. Porque quiero que mejoremos y que no actuemos como muchos han actuado en otras circunstancias. Los activistas dan todo de sí pero me gustaría que la CHA o la Federación (los admiro, lo que escribo va con la mejor intención y si no es cierto lo que sostengo, me alegrará mucho desearía que me lo desmintieran) se involucren en otros asuntos sociales no sólo lo que respecta a la comunidad homosexual. Si sólo a los docentes les debe importar el sueldo de los maestros, a los jubilados sus pensiones y a las víctimas del terrorismo de Estado, los juicios a los genocidas, estamos jodidos. No muchachos, yo creo que las banderas deben estar siempre por todos los asuntos que nos comprometen como sociedad si es que tenemos conciencia social. Si no la tenemos, mala suerte, el juego terminó.
Tampoco acepto los que lloran desde caras universidades privadas o amplios livings en pisos con vista a la calle por el matrimonio igualitario y ven su mundo derechoso de cristal dándoles la espalda, ya que cuando estuvieron inmutables por las víctimas de la AMIA, las madres "villeras" que luchan contra el paco, los juicios de lesa humanidad, la Ley de Medios y miles de temas sociales que nos involucran como sociedad en su conjunto. Huele a egoísmo y por lo menos a mí, no me agrada sólo defender mis intereses y mis derechos porque son míos mientras pretendo que toda la sociedad se suba a mi lucha. Hay salir a la calle las veces que sea necesario y no simplemente cuando me tocan a mí. Hipocresía afuera; me recuerda con tristeza la clase media saliendo por el corralito y después desaparecida mientras la miseria se esparcía pero el sistema financiero se normalizaba. Me recuerda a los estudiantes del Mayo francés que tiraron a los obreros una vez que se graduaron. Me dolería creer que si se logra el matrimonio, todos los que se enarbolaron legítimamente por sus derechos vuelvan a ser indiferentes a los derechos avasallados de otros tantos cientos de miles.
Me parece interesante la postura de un grupo que le tomé cierto cariño aunque su nombre yo lo prejuzgaba en demasía. Hablo de la Agrupación de los Putos Peronistas, lo de peronistas es anecdótico pudo ser cualquier partido democrático; pero importa que llevan consigo la herencia del Frente de Liberación Homosexual, del gran Néstor y su séquito (el poeta, aclaro, por si algún trasnochado cree que me refiero al ex presidente) que luchaban por sus derechos pero no eran indiferentes a la militancia, al trabajo en los barrios pobres, a la política y a una ideología particular.
Hay gente valiosa en nuestra comunidad homosexual, activistas que dedican su vida a una causa para esta minoría. Pero creo que no es bastante, se necesita mucho más para esgrimir contra los titanes que bloquean este avance legislativo. Yo fui el veintiocho pero no estuve por el enojo que me dio pensar que en Noviembre en la Marcha del Orgullo que muchos se asquean por considerarla una joda desvirtuada y deforme concurre el doble, el triple hasta el cuádruple de gente. Esperé ver más muchedumbre el veintiocho de Junio, faltabas vos, faltaba yo, faltábamos todos.
Hace tiempo escribí un texto sobre la indiferencia y la homofobia, http://buenosdiaspatricio.blogspot.com/2009/11/martita-y-su-abuelo.html porque ambas están tan relacionadas como dos hermanos ligados por el incesto.
Termino estas líneas desconcertado. ¿Hoy qué día es? ¿Ayer o mañana? El catorce será un día olvidable o quedará como una fecha jubilosa en donde se logró algo increíble en mi memoria para contar en mi adultez y por qué no, en la vejez. Soy pesimista y pienso lo peor. Ojalá, de corazón sinceramente me equivoque. Si acierta mi pesimismo, pido un deseo, que la próxima sea la vencida.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola! "La familia ideal" que construcción tan falsa e irreral, es palpable solo como idea y nunca como caso; y ahora, ademas, es una verguenza.
El ideal queda como lo que es, siempre, su imposibilidad de ser es, al mismo tiempo, su esencia y su estigma.
Y un niño o una niña, no seran mas felices por tener un padre conductor de camiones casado con una mujer ama de casa frustrada; o dos homosexuales en la misma situación.
Todo, todo lo que oi en este debate es una verguenza, me da asco, y mas que por mi, por todos los que no han asumido su verdad, y, creen, como los homofobicos, que deben destruir su verdad. Lo que hoy es su estigma, y mañana su esencia.
Besos!