QUERIDO LECTOR, TODOS LOS PERSONAJES QUE AQUÍ APARECEN SON FICTICIOS; LÉASE SALIDOS DE LA MENTE. CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA

miércoles, 30 de junio de 2010

Peronismo: Filosofía política de una obstinación argentina - José Pablo Feinmann (fascículos del 119 - 130 y conclusión)

domingo, 27 de junio de 2010

La villa a los escenarios


Tengo un pensamiento que no lo puedo sacar de la cabeza. Lo pienso largar directo, franco y sin filtro. Hoy por hoy, el teatro nuestro —comercial y no— al tirar la pobreza al centro de la escena peca de hipócrita. Si te digo que quiero hacer  una obra teatral donde los personajes viven en condiciones  muy hulmides, ¿pensás en un conventillo lleno de tanos o en una villa llena de coyas?
Se sigue recurriendo a elementos efectivos pero en desuso, muy alejados de la sociedad actual. Los conventillos, los pañuelos en la cabeza al mejor estilo “nonna del mil novecientos” y los migrantes que bajan de los barcos son de otra época pero el teatro no se da por aludido de ello.
Calculo que para los dramaturgos —como Gregorio de Laferrère— que venían de orígenes distinguidos de la sociedad escribir a  principio del siglo XX acerca de aquellos seres ruidosos que llegaban a la ciudad-puerto habrá sido todo un suceso. No era menor no saber qué hacer con la chusma anarquista encima con el agravante de la Revolución Rusa soplándole la nuca a la sociedad de los dueños: de  las tierras, de las empresas, de los medios, de la Patria, del Estado, de los derechos. Montar en un escenario un conventillo significó un desafío y todo una polémica porque la sociedad tenía la posibilidad de ver sus miserias y participaba de su propio juicio gracias al ingenio y agudeza de un tipo que sólo se puso escribir sobre lo que veía.
En día me parece que todo el mundo —o una gran parte de público y artistas— se aferra a una hipocresía: hoy es más fácil mostrar la pobreza de hace una centuria que mostrar la actual: esta pobreza mestiza, morocha, latinoamericana, mucho más marginal, brutal y explosiva; todo un dolor de estómago.
La villa está excluida del teatro desde el vamos, porque para hablar de la relación que puede haber entre la villa y la cultura hay que despojarnos de prejuicios. No son más que pensamientos patricios y aristocratizantes de entender a los villeros —villero es una palabra estigmatizada que siempre sonará peor que mencionarlos como habitantes de los asentamientos de emergencia— envueltos en un inmenso ambiente de violencia, drogas, prostitución, delincuencia y trabajo esclavo.
¿Qué tiene de artístico la villa? No hay más “pobres pero honrados” que arman sus propios muebles; todo lo compran “trucho” y lo que no es falsificado se apuesta a que es robado. No laburan más sino que viven de los planes del gobierno de turno que los necesita para hacer número en los actos proselitistas y demagógicos. No luchan contra el sistema lanzando bombas a dirigentes sino que por la ayuda de los punteros votan lo que sea y encima les dicen "gracias". No les importa si en el futuro sus hijos serán profesionales porque los tienen como conejos y después los usan: para pedir limosna, para afanar o incluso para venderlos a las familias de “bien”. No tienen gusto ni clase porque si les das plata lo primero que hacen es comprar unas zapatillas llamativas fucsia y naranja, en el mejor de los casos— que los hace más “villeros” aún. No creen en la Iglesia convencional como lo hacían los inmigrantes sino que venden su alma a cualquier dios pagano o a un tránsfuga que se autoproclama “El Pastor”. Además, van a joder a un lugar con música que sería un pecado llamar misa. Ni hablemos de la cumbia, expresión cultural que es el único bastión generado desde los mismos sujetos olvidados y apartados por todos los demás, la cual es menospreciada y subvalorada desde la primera impresión por ser simple "música de negros".
La lista sigue hasta el infinito cuyo propósito es generalizar para demonizar. En resumen, ¿qué podría tener de atractivo eso para escribir un guión? ¿No resulta, acaso, más virtuoso y melodramático desarrollar el concepto de “pobre pero honrado”? Es reconfortante para la conciencia del opulento la imagen pulcra del pobre inmigrante europeo de rasgos armoniosos con enorme energía para el trabajo. El Teatro reflexiona la pobreza actual con la foto vencida. Porque, en definitiva, esa es la pobreza de la que uno sólo puede pensar: la pobreza funcional del hombre o mujer que trabaja a sol y sombra, noche y día para lograr que su hijo tenga más oportunidades que las que él tuvo. Los que tienen mucho y los que tenemos algo nos agrada esa forma de los que no tienen nada. Es uan forma netamente inofensiva.
Ahora bien, en este siglo XXI la pobreza es totalmente diferente, se le privó a ese  europeo aquel trabajo que lo hacía precisamente obrero, laburante, artesano, etc. Son condenados en un sistema que les exige obligaciones sin darles derechos. Este sistema les quitó los mecanismos para luchar soñando en ideales. Perdió la militancia combativa y frustrado con fusil en mano es previsible que lo use para robar. La misma arma que quizás hace cien años hubiese usado contra los que él creía eran los culpables de su paupérrima situación. Ahora portan armas los chicos, los medianos y el resto y no tienen miedo de morir y de matar por lo que sea. En el mundo de la nada, cualquier objeto es algo más que nada.
Porque sigo sosteniendo que para muchos la inseguridad —como en su momento lo fue el anarquismo, el socialismo y todas las formas combativas de las clases bajas para lograr que sus demandas sean escuchadas— es lo que hace que importe la pobreza. Sin delincuencia originada en la exclusión, muchísima gente no tendría ningún deseo en mejorarle la situación a nadie.  A los villeros se les pide dos cosas: que no tengan nada y que no jodan así los otros pueden seguir teniéndolo todo.
El Teatro es un gran ámbito de denuncia y provocación. Sin embargo, me parece que mientras las obras y los relatos sigan aferrándose a esa naif versión licuada del conventillo, el arte sobre los escenarios seguirá siendo hipócrita negando un mundo para no cuestionarlo. Espero que de aquí en más, el Teatro siga el ejemplo de otras ramas del arte y haya una apertura como la que tuvieron quienes llevaron el conventillo al centro del debate en el momento oportuno.
Cuando el reflejo nos vomita mierda, tapémoslo para que no manche la alfombra.

martes, 22 de junio de 2010

El hacedor - Jorge Luis Borges

lunes, 21 de junio de 2010

Los conjurados - Jorge Luis Borges

domingo, 20 de junio de 2010

El príncipe - Nicolás Maquiavelo

jueves, 17 de junio de 2010

El oro de los tigres - Jorge Luis Borges

martes, 15 de junio de 2010

Las de Barranco - Gregorio de Laferrère

lunes, 14 de junio de 2010

El informe de Brodie - Jorge Luis Borges

sábado, 12 de junio de 2010

El capital - Karl Marx

jueves, 10 de junio de 2010

Tema del Jubilado - Ignacio Copani


En cien trabajos gasto su vida,
entre sudores y desengaños,
sumando ausencias, angustias y años
como antesala de su partida.
Una tarjeta de jubilado,
manos vacías, tiempo sobrante,
ojos que miran hacia adelante
pero adelante solo hay pasado.
El jubilado, sombra de plaza,
perfil cansado y vista escasa.
Por toda su obra el jubilado
con lo que cobra come prestado.
La calle es lucha... ruidoso enjambre
y el solo escucha la voz del hambre,
el jubilado, tercera edad... gran olvidado,
vive en la gris soledad.
La vieja plaza, la vieja historia,
los nuevos pibes, nuevas palomas...
Flotando vuelven dulces aromas
que el solo huele con la memoria.
Si todo falta, si nada alcanza
como comprarle su sol al nieto
que exige urgencias saltando inquieto
sobre ese césped de la esperanza.
El jubilado en loco exceso
hoy se ha gastado sus pocos pesos,
habrá en su plato un pan de menos
pero más gratos serán sus sueños.
Remonta el pibe nuevo juguete
y al viento exhibe su barrilete
y el jubilado, crease o no
corre a su lado y hasta también sonrió.

lunes, 7 de junio de 2010

El manifiesto comunista - Karl Marx & Friedrich Engels (Traducción Miguel Vedda)

miércoles, 2 de junio de 2010

La metamorfosis - Franz Kafka