QUERIDO LECTOR, TODOS LOS PERSONAJES QUE AQUÍ APARECEN SON FICTICIOS; LÉASE SALIDOS DE LA MENTE. CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA

miércoles, 24 de marzo de 2010

Nunca más

Olé olé, 
olé olá
Como a los nazis, 
les va a pasar.
Adonde vayan,
los iremos a buscar.

Olé olé, 
olé olá
Como a los nazis, 
les va a pasar.
Adonde vayan,
los iremos a buscar. 

Olé olé 
olé oláááá.

Cántico voceado con  intensidad y pasión. Conmovía a las baldosas de la plaza y a las palmeras que se hacían ver al traspasar el Cabildo. Me hice un tiempo para marchar en solitario, para sentir yo, no otro, junto mis pensamientos esa energía y darme el lujo de comtemplar a ese organismo vivo que latía en todas las personas que me rodeaban. El calor popular, ese caleidoscopio lleno de colores, sabores y olores caminaba hacia a un solo lugar mientras al fondo y a lo lejos, los pañuelos blancos nos aguardaban.
No pedía demasiado. No tendré, acaso, el poder para analizar tantas contras y tantas críticas. Yo me sentí satisfecho. No alegre, ni contento. Sino lleno de paz al saber que no me privo de ser parte de la Historia. Porque hoy más que nunca, aprendí que la Historia, esa materia que tanto me apasiona, se enseña en las calles.


(Disculpen mi ortografía pero quiero escribirlo en caliente porque así fue vivido)

 
"Cada uno de ustedes hoy, aquí en este lugar, son nuestros hijos también. Muchísimas gracias chicos." Hebe de Bonafini, 24 de Marzo de 2010

martes, 23 de marzo de 2010

Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina (fascículos 1 al 119) - José Pablo Feinmann

sábado, 13 de marzo de 2010

El otoño del Patriarca - Gabriel García Márquez

miércoles, 10 de marzo de 2010

Nuevo negocio


Inaugurado hace unos meses. Barrio de  bien, esquina de bien, incluso el puesto de diarios de bien; todo a la redonda es de categoría, de distinción, de gente como uno. En estas esquinas —les explico a los que no tienen la dicha de vivir en lugares así, pobrecitos ellos— se huele la sencillez de la cultura y se camina con los tacos altos de la honradez. Nuestro negocio —llamado “Cultura Libros”, no por casualidad— fue abrir una librería en el medio de la intelectualidad.
Barnizado el piso, diagramadas amplias salas de lectura, erigidas estanterías hasta donde fue posible. Los libros, nuestros libros tenían que llegar al techo. Imponencia y elegancia siempre. La comodidad al servicio de la literatura.
Mis clientes son sublimes. No son lectores, no para qué, eso ya está obsoleto. Ellos son clientes. Porque un cliente no lee: no lee las fechas de vencimiento, no lee la información nutricional, no lee los porcentajes de los materiales usados en la confección, no lee las recomendaciones del distribuidor, no lee las garantías ni tampoco lee los manuales de uso. Era predecible qué montados en esta vorágine, los compradores de libros tampoco lean lo que compran.
Escuchen.
—Yo no leo mucho, compro mucho. Por ejemplo, el último que leí, lo escribió ese portugués que ganó el Nobel. No me sale el nombre. —confesó sin pudor.
La vendedora sí sabía pero no sabía.
—Ah sí. Sabés que a mí tampoco me sale.
—No importa, lo que te decía era que ese libro me pareció un embole pero yo tengo una regla de oro —murmuró solemne el cliente—. Libro que empiezo lo termino. A pesar de que me resulte un bodrio como el del portugués.
—Sí, a mí me pasa lo mismo.
—El del portugués no lo terminé pero es pesadísimo. Habla de vidas de mierda, una después de la otra. Para vidas de mierda está la mía, no necesito que un tipo cualquiera me lo diga.
—Tal cual —dijo la vendedora con una sonrisita tonta.
—Por eso me compro este libro chiquito para intercalarlo con el bodrio aquel.
El ayudante de la cajera no se quiso quedar atrás. Comentó un par de frases sin mucha trascendencia por lo que ambos no le dieron importancia a su intervención. Mientras la vendedora cargaba en el sistema la compra, el hombre extraía una tarjeta dorada que brillaba como el sol a pesar de estar nublado.
—¿Alguno de todos éstos son para regalo, señor? —preguntó el ayudante.
—Sí, este y el grandote de allá.
Los dos libros fueron envueltos en un papel celeste y se le adhirió un moño gris a cada uno. El resto fue embolsado sin más. Estaban los ocho libros dentro de la bolsa cuando le avisaron que le cobrarían sólo siete.
—Qué honor, qué delicadeza, encantador lugar.
Guardó su tarjeta dorada, se despidió muy cordialmente, caminó los pasos suficientes para llegar hasta su camioneta y para perderse de la vista de los demás.
Dios los crió y les dio platita. Ellos… no leen sino que compran.

lunes, 1 de marzo de 2010

Escrache - Ignacio Copani

Me acuerdo bien
de cada campaña y cada promesa,
de los supuestos
desterradores de la pobreza.

Me acuerdo bien
del traje prolijo y la dentadura
desde el afiche
que aseguraba pan y cultura.

Me acuerdo bien
y le doy las gracias a mi memoria,
no voy a ser
tan tarado de repetir la historia
de darle un voto
a los que te mienten y te saquean
y ahora se quejan
porque en la calle los reputean.

Y qué esperaban?...
Que los aplaudan?...
Que los alienten
con palmaditas sobre la espalda?...

Y qué esperaban?...
Un monumento?...
No haría falta
porque su cara ya es de cemento.

Mientras acá... sopla otro viento
y Ustedes tiemblan
al ver los barrios en movimiento.

Con sus colegas,
sus asesores y sus parientes
se repartieron
lo que le falta hoy a tanta gente.

Su dignidad
quedó sepultada adentro de un sobre
y ahora se asustan
viendo en la marcha a miles de pobres.

Y qué esperaban?...
Que los abracen?...
Alfombras rojas y
una ovación cuando Ustedes pasen?...

Y qué esperaban, sus Majestades?
Que los reciban
con bombas y fuegos artificiales?

Mientras acá...
todo está en llamas
y la impaciencia
como una brasa se desparrama.

Violaron leyes
y se empacharon de privilegios,
cerraron campos,
teatros, fábricas y colegios,
se maquillaron
por ser famosos desde la tele
y ahora lloran,
porque el escrache, cómo les duele.

Y qué esperaban?...
Que alguna orquesta
hiciera un himno en su honor
y anime su eterna fiesta?

Y qué esperaban?...
Que los manuales
dentro de un siglo
destaquen su obra y sus cualidades?

Mientras acá, acá en la vía
se escriben páginas
de tristeza todos los días.

Me acuerdo bien
de la vez que hicieron su juramento,
como al que gana la lotería
los vi contentos,
cumplieron bien sirviendo al poder
que siempre los manda.
No será Dios
pero ahora La Patria se los demanda.

Y qué esperaban?...
Un homenaje?
Que les mandemos postales
cuando se van de viaje?

Y qué esperaban?...
Una medalla?
Les va a quedar muy bonita
encima del traje a rayas.

Porque esta vez... no nos estafan...
Vamos a ver si el pueblo es la ley,
de esta cómo zafan.