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viernes, 18 de diciembre de 2009

Niño prodigio

—Diré una y mil veces, que la inocencia de mi defendido es irrefutable —sentenció Tulio Alberto Leguizamón en forma salomónica dando por concluido su alegato. Con rostro severo y postura de piedra, miró al estrado y prosiguió diciendo — nadie, he dicho nadie, en esta Sala puede dar cabal seguridad a los argumentos acusadores que pesan sobre mi cliente.
—Pareciera señoría, que estamos ante un niño. Un inimputable. El señor abogado defensor debe ser realista y además debe tener la entereza moral necesaria para ir más allá de los facilismos, no sirve pintarnos una idea garantista e inclusive idealista, que en los hechos se distorsiona abruptamente —refutó el Fiscal Vargas mientras se ponía de pie, en un intento por mostrar su fuerza y la convicción de sus palabras.
El juez Medina Aguirre miró de reojo a ambas partes para luego terminar observando al acusado, inmóvil, taciturno, detenido en el tiempo y en su pasado. Nunca antes, en sus diecisiete años al frente del Juzgado Número Ocho en lo Penal, estuvo ante un acontecimiento semejante. Cuando estudiaba la carrera de Derecho, se decidió por la rama penalista fantaseando con la absurda idea de ser magistrado impartiendo justas sentencias y solemnes resoluciones. Pero ni los manuales ni tampoco en los paradigmas doctrinarios, hallaba respuesta al modo de proceder ante este caso.
La sala de la audiencia estaba repleta: familiares de la víctima con los ojos mojados desgarrados de dolor junto a los abogados querellantes y sus colaboradores; asientos reservados para el cuerpo que asistía al Fiscal Vargas; miembros de la prensa seria y de la amarilla con libretas y bolígrafos en mano; los numerosos fotógrafos y camarógrafos al fondo de la gran habitación quedaban reducidos a un número minúsculo si se los comparase con la cantidad excesiva de policías y oficiales del propio Juzgado que estaban repartidos equitativamente por todos lados para preservar el orden. También estaban los habituales de siempre: las serviles taquígrafas en la esquina izquierda, su hábil secretario y los curiosos que no querían perder detalle alguno.
—Por favor, señores. Continúe si fuera tan amable —dijo Medina Aguirre secándose el sudor de la frente.
—Gracias Señoría, como estaba diciendo, acá la Defensa se cansó en exponer las cualidades bondadosas de lo que es un simple asesino. Estamos ante un crimen, hubo un muerto, hubo un robo y hay una ley. Las pericias solicitadas por la Fiscalía demostraron la alevosía del acto homicida. Se trataba de una persona en su sano juicio sin consumo de ningún estupefaciente que disminuya el discernimiento o la voluntad.
Vargas hizo una pausa, miró al acusado con cinismo, se mordió el labio superior y tomando un sorbo de agua continuó — estamos lidiando con un ser racional con pleno conocimiento de sus acciones, que mata y luego roba. Alguien que omite el valor de la vida humana y que no puede escudarse en su origen humilde puesto que hacerlo implica actuar con cobardía, adjetivo del cual careció al presionar el gatillo del revólver.
Medina Aguirre no podía evitar el proceso voraz en el que se había metido el acusado, ofreció una mediación e incluso sugirió retrasar el juicio a costa de su propia carrera. Estaba por aplicarle todo el peso del código penal, los medios de comunicación reclamaban un chivo expiatorio, los familiares de las víctimas que se dejaron usar y que usaron a esos medios como psicólogos para hacer catarsis de la ausencia necesitaban venganza. Los policías que estaban al lado suyo protegiendo su investidura, lavaban sus culpas y su complicidad con el delito y claro, el Fiscal se vestía con el traje de la víctima por su orgullo y por la satisfacción del triunfo. El abogado defensor, provisto por un Estado ajeno e indiferente en vez de proveerle una defensa al acusado, le montaba un show.
—Esta persona con sus actos demuestra su adultez y su brutalidad no mereciendo la vida en sociedad. Señor Juez, no podemos tolerar que se hable de un bebé cuando sabemos que no lo es. Un bebé no mata, este sujeto merece una sanción ejemplificadora. Si aquí se da lugar a la absolución, apelando a Tratados Humanitarios que si bien debemos respetar y creo que se respeta otorgándole este juicio, también debemos honrar la vida de la víctima y cumplir lo estipulado por la Reforma al Código Penal. Damas y caballeros presentes, a los cinco años ya una persona, en la generalidad de los casos, sabe andar asistido por las ruedas auxiliares de las biciletas, sabe el abecedario, es apto para hacer la plancha, se puede atar las zapatillas y está en condiciones para ingresar a la Primaria y cuenta hasta el mil. Por ello, exigimos la pena máxima contemplada para un homicidio simple con dolo agravado. Exigimos prisión perpetua, inhabilitación especial perpetua, con accesorias legales y costas a su vez solicitamos dé lugar a la inmediata detención. - y dando por concluido el alegato le dio paso a su Señoría.
El Juez Medina Aguirre cerró los ojos. Deseó que al abrirlos pudiese ver a un ser endemoniado, un asesino brutal y despiadado. Un hombre alto, grande y corpulento repleto de cicatrices cuyo pasado oscuro lo sentenciaba desde el primer momento, una persona de edad avanzada sin futuro ni sueños, alguien del que nadie se acordaría ni por el que nadie lloraría. Quería estar frente a ese que los medios se esmeraron por crear, a ese que la sociedad se empeñó por inventar justamente para no ser ella la culpable de todo.
Allí sobre un pequeño taburete, usando unos shorcitos y mordiendo un muñequito del Ratón Mickey estaba sentado Pedrito, de seis años de edad que contrastaba con el estoico Leguizamón. En sus balbuceos, Medina Aguirre creía escucharle decir que no era adulto, que no podía ser tratado como un mayor porque si bien reconocía que podía contar hasta mil, el abecedario lo complicaba mucho. El magistrado también sentía oír algún que otro insulto a los monstruos que habían bajado la imputabilidad, primero, a los catorce años, después a los nueve. Como el nueve no es un número redondo, se estipuló cinco años como la edad máxima entre un niño y un adulto. Pensó en hacerlo subir al estrado, sin embargo sería inútil, sólo él le prestaría atención. Todos querían una hoguera y el Juez Medina debía prender el fuego.

7 comentarios:

Gabriel Leandro dijo...

Acá había comentarios que ahora no están :-S

Un tal Patricio dijo...

1) Jamás publicaría algo de alguien para luego eliminarlo. (por algo los leo antes de subirlos)
2) No creo que haya algún comentario que si merece la pena publicarlo por más crítico que sea, no lo publique.
3) Te habrás confundido porque jamás dejaron comentarios por este texto.

Saludos

Gabriel Leandro dijo...

No te "acusaba" de haber borrado intencionalmente esos mensajes que ¿yo vi? Creí que quizás los eliminaste sin querer, o que fue algún error de blogspot, o algo así.

Pero en serio, lo tuve que haber soñado, porque además eran ¡¡3 comentarios!! :-P Jajajaja
¿Será porque me acosté a dormir pensando en el texto?
Ah, y yo sí estaba en desacuerdo con uno de los 3 :-P

Jajaja, no te enojes... :-(

Un tal Patricio dijo...

Todo bien! :)
Perdoname a mí porque ahora que releí mi mensaje suena muy agresivo cuando no lo quise ser.

JAJAJAJAJ qué loco lo que decís de los tres comentarios!!
Ahora me da la re intriga MAL

vos, todo en orden?

Gabriel Leandro dijo...

Jajaja, me debo estar volviendo loco...
Uno "hablaba" de que así íbamos a terminar, metiendo presos a los bebés o algo así, no sé...
Otro no lo entendía porque decía algo de que sí, es lo que termina pasando con la homosexualidad ¿? Y yo me decía: ¡¿Qué?! ¿¿Qué me perdí?? Y hablaba de que era una gran metáfora. Y yo "soñaba" evidentemente, que no había entendido nada del texto.
El otro sólo te alababa :-P

Yo estuve medio ocupado estos días, acabo de terminar un laburo para la facu para mi hermano :$
El tema es que yo nunca cursé esa materia, entonces me tenía que aprender la teoría...

Y ahora me tengo que poner a armar un examen para tomar mañana a la mañana.

Un beso,
Gaby

Un tal Patricio dijo...

Wow ahora me da miedo lo que decís jajajaja capaz se filtran esas cosas y después internet las borra. Estaré atento por si vuelve a pasar algo así.

Sí era un absurdo. Aunque es muy interesante ver la forma que los demás interpretan la historia porque a veces hace destapar sus prejuicios (como el que lo asoció a la homosexualidad) o su propia idiosincracia.

Mirá vos, sos profesor/maestro/alguien que toma exámenes jajaja Te felicito.

Yo tengo que rendir un final mañana. Veremos como sale. Es el último por suerte! :)

Gabriel Leandro dijo...

Digamos que soy "profesor" / alguien que toma exámenes. O sea, doy clases en secundario, pero no estoy recibido. Mañana tengo mesa, va a ser duro volver después de una semana al cole :-P

¿Qué estudiás? Mucha suerte en tu examen ;-)

Yo voy a tratar de dar un final el miércoles y, si llego, otro la semana que viene...