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lunes, 29 de junio de 2009

Fragmento I

"Todas eran la luz de sus ojos mientras que la oveja descarriada, el vago, el torpe, el lento… ese, ese era Marquitos, como le gustaba al tío llamar a su sobrino. Esa mañana, el tío descargó toda su bronca contra él. No importa ya la justificación que usó, todo quedaba pequeño ante tal paliza diferente a las demás. Por miedo escondía sus cicatrices. Marcos no podía, no quería o no debía, dependiendo del día, revelar tal vejación. Pero aquel día, la raya se cruzó. Luego de la paliza y tirado en el suelo del galpón estratégicamente ubicado cerca de la zona de siembra y lejos de la casa, como un animalito indefenso, Marcos dejó de creer en Dios.
Dejó de creer en Dios, en el amor, en lo bueno de la vida, en sus mayores, en casi todo. Las lágrimas lo invadieron todo. Los gritos caían en el más profundo de los vacíos. Nada ni nadie interrumpiría lo que allí pasaría. Con el tiempo, Marcos iría olvidando detalles en un intento de no recordar la historia misma como tratando de creer que si uno tapa el sol con las manos está haciéndolo desaparecer, cuando sólo consigue cansar sus brazos."
Extracto de Las Protagonistas, capítulo 2

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