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sábado, 20 de diciembre de 2008

Lavandina

Una noche increíble en buena debía terminar con un broche de oro. Un broche horrendo. Pero primero aclaremos los tantos. La noche fue increíble en buena aunque el hecho final fue desagradable. Es decir, la noche fue increíble en buena, sin embargo hubo un final con advertencia. Una advertencia que nada tuvo de buena. Amarga como toda advertencia pero necesaria. Necesaria porque Patricio no es Dios. Falla, a pesar que en ciertos asuntos no debe haber fallas. La falla es irreversible. Por suerte las palabras a continuación, Patricio las escuchó y no las dijo:

"Fue una noche ehm , mirá te explico. Estuve con una chica. Horrible por otra parte. Después con un chico. Sabés cómo soy que espero a que me chamuyen. Terminé en el reservado (...) y ahora supongo que me tendré que hacer el test."

Cuando Patricio escuchó quien se lo decía se le revolvió el estómago. Es más escribiéndolo le produce la misma sensación. Si le hubiera pasado a Patricio creo que no podría ni moverse. Estaría destruido completamente. Por más que impacte las advertencias son buenas. Y las visuales aquellas que se viven mucho mejor para producir el efecto deseado que es rogar que cuando tenga 21 años jamás tenga que pronunciar esa frase.

Sintió lástima por quien tenía al lado. Mucha lástima. Trató de salir del estricto que mira con desconfianza siente sólo lástima y piensa "se lo merece por vivir en la cuerda floja". Patricio debe admitir que le pasó ese pensamiento, luego la lástima se apoderó de todo. Y las preguntas de "¿Cómo logra mantenerse firme?", "¿Por qué tuvo que decirlo?", "¿Tan simple le resulta un tema tan delicado?".
Patricio admite que fue una vivencia dura. Más aún al suceder casi cuando la noche terminaba. Cuando volvía para su casa Patricio no podía sacar la frase y la cara de quien le habló con esas frías y amargas palabras. Grotesco fue el diálogo a tal punto que, a veces, es mejor no saber cómo estuvo la noche de los demás y quedarse con la idea de un mundo de colores pasteles. Pero no.

El mundo es negro, muy negro.

Y está en nosotros cubrirnos con

lavandina
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